Monologo
Es una tarde, de un día nublado, tan nublado que todos pensábamos que llovería a cantaros, pero no, si bien por la mañana una leve llovizna, en los alrededores se rumora que si llovió, pero no aquí, no en este pequeño pueblo, que a últimas fechas me ha parecido más pequeño que nunca, ningún lugar al cual poder salir corriendo, cuando sientes que las paredes de tu casa, de tu trabajo, se te vienen encima, cuando sientes que esos pequeños demonios que todos llevamos en el interior están por alcanzarte, a mi me siguen los pasos muy de cerca, podría decir que me están pisando los talones, afortunadamente puedo entretenerlos con cualquier cosa y aventajarles un poco más.
Por el momento estoy huyendo principalmente de ese ser impulsivo al que le encanta contradecir las decisiones que ya he tomado, es por eso que tengo el celular encerrado en un cajón remoto de mi cuarto, encendido porque no me atreví a apagarlo, he de admitir que cada tanto tiempo lo voy a revisar, no se si por costumbre, manía o en la espera de algo, pero así es, lo reviso, y para qué? No sé realmente, no sé si quiero descubrir una llamada perdida o un mensaje en la bandeja de entrada, que le sirva de pretexto a esa parte de mi, cuyo principal entretenimiento es contradecirme, para tener el pretexto perfecto de hacerlo.
Estoy en el trabajo viendo un expediente, si solamente viéndolo porque ni siquiera lo he abierto, no siquiera me he tomado el trabajo de leer el nombre del inculpado, no puedo engañarme, vine aquí para no estar espiando mi celular, claro!, también pensando que de paso podría adelantar un poco de los pendientes que tengo, y así no tener que trabajar el sábado y poder levantarme tarde, ordenar un poco del gran desorden de ropa que tengo, jugar un rato con mi hijo, hasta que llegue su padre, que por ahí se rumora que vendrá el fin de semana, quien sabe?, y pues si no es él, serán sus abuelos.
Rayos!, como quisiera que empezara a llover, a llover mucho, que lloviera con truenos, rayos, que fuera una lluvia de esas escandalosas, esas que te hacen refugiarte bajo tus cobijas, esas que te enclaustran en tu recamara, y poder disfrutar de eso, sentir que de alguna manera alguien me esta diciendo que siente lo mismo o algo parecido a lo que siento yo, porque si yo fuera lluvia esa sería la manera en la que me estaría precipitando sobre este pueblo al que le debo tanto y tan poco al mismo tiempo, como quisiera estar en Hermosillo, sentir la apatía de la gente al verte caminar por las calles tan calurosas en estos días, pero también sentir ese calor, esa grata sensación de bienestar que se presenta cuando vez la cara de tus amigos, de esas personas que te conocen tan bien, y que a pesar de eso te quieren tanto, ver los ojos de esa gran amiga y soltarme llorando en su hombro, sentir la fuerza que el hecho de platicar con ella me trasmite.
Huatabampo es totalmente opuesto a Hermosillo, no solo por la cantidad de habitantes, ni la diversidad que una ofrece y que la otra carece, Huatabampo su vida sencilla, sus playas, sus tierras fértiles, Hermosillo su vida rápida, su infernal calor, sus cines, centros comerciales, mis amigos; en Hermosillo puedes pasar tan desapercibida como se te antoje, en Huatabampo todo mundo se da cuenta cuando voy pasando, mucha gente ni me conoce, no sabe quien soy, ni a donde voy, pero se da cuenta que voy caminando, yo extraño pasar y que nadie note mis pasos, al menos lo extraño hoy, hoy que quisiera simplemente sentarme en la plaza y echarme a llorar, como otras ocasiones lo hice en Hermosillo y nadie lo notó, pero aquí la gente aun no aprende a ser indiferente.
Mañana será un mejor día, mañana no tendré que esconder mi celular, ni que dejarlo abandonado en un rincón, mañana me recuperaré, y correré tan fuerte que dejaré muy lejos a mis demonios, porque sí, porque así soy yo.