A media noche
Hay cosas que no puedo decirte al tenerte enfrente y no es por cobardía ni desinterés ni abulia ni hermetismo, es porque al tenerte al lado todo es tan simple que se vuelve complejo, la sencillez es la parte más difícil de entender de la vida.
No me es posible decirte que eres la parte exacta que complementa mi espacio, que te convertiste tan lentamente en la soga que mantiene mis pies atados en la tierra de una manera tan dulce que no necesito volar, que con el tiempo te fuiste instalando en mi vida en ese sitio adecuado y perfecto en el que solo tu tenias cabida y en el lugar apropiado para ser el refugio en el cual liberarme de todo aquello que me lastima, que me hace daño, que me aleja de mi y de ti, que en tus brazos mejor que en ningún otro sitio me he sentido confortada, aliviada, incluso cuando la causa de mi angustia proviene de ti, porque te convertiste en el amigo perfecto, en el oyente adecuado, en el consejero ideal, aquel que sugiere, que opina cuando se le requiere y calla si es necesario, te convertiste en alguien importante en mi universo, pudiendo hacer todo sin provocarme una necesidad de ti, sin crear una dependencia, pero si un deseo, una alegría de tu presencia.
No he podido decirte que es extraño verte hoy después de todo lo ocurrido, no puedo hacerlo como antes, sigues siendo el mismo, la misma persona dulce y bondadosa, pero hoy que te escribo a media noche, diciéndote aquello que no he podido con palabras no por desgano, no por apatía, sino por falta de tiempo, de espacio, de silencio, es extraño no dar por cierto todo aquello que creímos conocer, saber.
Todo pasa, incluso el dolor, incluso la angustia, también la desazón; todo pasa, concluye, se termina, las relaciones se enfrían, los sentimientos se olvidan, y al final nos queda el dulce recuerdo de lo que pudo haber sido, de lo que fue.
Muy bello y me hizo pensar en aquella persona…